¿El turismo es prescindible? Por Guillermo Campos



Se apuntan cambios diametrales en el futuro inmediato, a consecuencia de la crisis socioeconómica derivada de la pandemia. En un foro on line para analizar la repercusión de la crisis del Covid-19 convocada por el periodista especializado Fernando Gallardo (Él País), el cocinero Ferrán Adriá aseguró que “él turismo es prescindible, el impacto va a ser tremendo. Tenemos que volver a la cultura del esfuerzo para sacar esto adelante” ¿Qué quiso decir con “prescindible” el gran revolucionario e investigador de la cocina de la vanguardia? 

Vale que como recordó Gallardo, rememorando, habían cambiado el comercio y las relación laborales, había surgido el Renacimiento como consecuencia -una- de la peste del siglo XIV. Puede, como opina Carlos Barrabés (pionero del comercio electrónico y empresario turístico aragonés) que cuando acabe esta crisis “la globalización acelere más los procesos”, el futuro digital, que plataformas como Booking pasen a ser infraestructura y que pasen a interactuar grandes regiones por encima de los países… 

Pero…prescindible el turismo? y es más, ¿a qué se refiere cuando dice que hay que volver a la cultura del esfuerzo? como también se vertió en ese foro, y ¿se remarcará la tendencia a la sostenibilidad en todos los órdenes? Más bien debe preocuparnos la posición en que está Galicia y sus más directamente aludidos vectores turísticos, a tenor de lo trascendido en dicho foro. 

A saber: si como dice Adriá “ tenemos que volver la cultura del esfuerzo”, mucho van a tener que sacrificar los cocineros de la vanguardia, más propicios a la cocina espectáculo y a andar de show en show y de negocio en negocio que de estar el pie del fogón. Y a ver, de paso, como se concilia esa tendencia a la sostenibilidad -las producciones autóctonas, despensa de terruño y “ maruño”- con el hecho de que esa misma cocina tan estrellada sea un caballo de Troya para productos ajenos nuestra tradición y despensa de kilómetro 0.

Más coherentemente posicionados me parecen la hotelería y sobre todo el sector de los vinos gallegos, que hace más de un cuarto de siglo apostaron claramente por la investigación, la evolución y el mantenimiento identitario de sus ingrediente autóctonos: nuestro albariño, nuestra Treixadura, nuestro Godello, nuestro, Brancellao, nuestro Caíño, nuestro Mencía aunque no lo conocieran los Irmandiños, o nuestro Sousón . Y lo que se está rescatando de la memoria.